Fantasmagoría vs. la “pomelización” del rock
La banda encabezada por Gori en otro gran show el viernes pasado en Kika.
19.Feb.08 | (Por Julián Elencwajg)
“Somos Fantasmagoria”, dijo Gori, piernas kilométricas acentuadas por pantalones angostos, chaleco, camisa y el pelo batido como un Ron Word recién levantado. La presentación parecía más necesaria que de costumbre dada la circunstancia. El escenario era la parte trasera de Kika, local hiperdiseñado en el ultrachic Palermo Soho, uno de esos ya no tan nuevos barrios porteños que hacen que uno se sienta casi un lumpen invasor, alguien más feo y pobre y menos elegante que el resto de la humanidad. Pero en ese ambiente Fantasmagoría no desentona, así como tampoco parece estar fuera de lugar cuando toca al aire libre, o en Niceto, o en Unione e Benevolenza o en Tío Bizarro. Es que la onda la llevan con ellos, sin importar adónde sea.
Gori lleva recorrido un largo camino en el rock, desde sus inicios hardcore (¡y straight edge!) con Catarsis y Ahuyentademonios a las giras y discos autogestionados junto a Nekro en la formación más recordada de Fun People, pasando por sus proyectos paralelos con su alter ego Gorianópolis y sus DJ sets en las Simpathy for the Party, siempre bajo ingeniosos nombres de fantasía como Gorisey o Gorian Grey, hasta llegar a Fantasmagoria , el proyecto solista más parecido a una banda en el mundo. Esa experiencia se nota en la seguridad con la que toca, en el desprejuicio a la hora de abordar géneros diversos sin perder su estilo y en el enorme caudal de información musical y estética (alguno podría resumirlo como “cultura rock”, pero son dos palabras demasiado bastardeadas) que maneja.
Y como si eso fuera poco, tiene muy buenas canciones. Casi al inicio del recital tocó “La laguna” -tema que está disponible para ser remixado en el site de la banda y pertenece al EP gratuito Clearence -, a la que le siguió “El río” , que Gori cantó por momentos con una sonrisa, tal vez sabiendo que es una de esas gemas que aparecen muy de vez en cuando en el pop. También repasó esas pequeñas historias con personajes descriptos con pocas pero precisas palabras (“El Sheriff” , un rock and roll para musicalizar cantinas de un Far West en donde se cruzan cowboys con indios glamorosos; “Suerte rara” y sus meditaciones sobre el azar) y no se olvidó de los simpáticos juegos de palabras que se encuentran en parte de su repertorio, como en “Barrio bajo” (”Barrio bajo / bajo medicación” ).
Pese a que el sonido en Kika no colaboró demasiado, pudieron demostrar empíricamente que existe una alternativa a la “pomelización”, que se puede rockear sin necesidad de ser una catarata de lugares comunes con alusiones bobas al consumo de drogas, misoginia y aguante al aguante. Hasta se animaron a hacer “No detenga su motor” , el clásico de Riff, y lo que en otra banda hubiera parecido una burla irónica al rockerísimo grupo de Pappo, en la voz de Gori sonó a tributo. Cerraron su breve show con una versión algo más volada que la original de “Gori llamando a Río” , canción de aquel viejo primer disco de comienzos de milenio, cuando eran apenas una promesa y no la impecable realidad que son hoy.


